lunes, 5 de diciembre de 2016

Llamado bonhoefferiao a resistir las drogas

Publicado originalmente en Animal Político 

En 1944, desde la celda de un campo de concentración nazi en Tegel, Alemania, poco antes de ser ejecutado, el pastor luterano Dietrich Bonhoeffer escribía una serie de cartas donde hacía un llamado al pueblo alemán a tomar una postura de “mayoría de edad” con el fin de no volver a permitir otra locura de exterminio. Esta mayoría de edad significa que la gente común y corriente pueda tomar decisiones autónomas sobre su nación, su moralidad, incluso sobre sus creencias religiosas.

“Llegados a la mayoría de edad, hemos de reconocer de forma más verdadera nuestra situación ante Dios. Dios nos hace saber que es preciso que vivamos como seres humanos que llegan a vivir sin Dios (…) ¡El Dios que está con nosotros es el que nos abandona..!” [1]

Dietrich Bonhoeffer (1906-1945)


Durante la época colonial en México, el Tribunal del Santo Oficio procesó a diversos “herejes” por “luteranos”, “mahometanos”, “brujería”, todos ellos europeos.[2] En realidad, este tribunal inquisitorial “no actuaba en delitos religiosos cometidos por indígenas (…) Las autoridades eclesiásticas los veían como “menores de edad”.[3]

Este trato de infantilización hacia los pueblos indígenas caló profundo en la conciencia colectiva de México que nos ha llevado a reconocernos a nosotros mismos como un país “subdesarrollado”, “inferior”, de “agachados”. ¿En que se traduce esto? En que nos consideramos incapaces de tomar responsabilidad sobre nuestros propios actos y aparecen los “Cuatro jinetes del valemadrismo”: La indiferencia, la falta de respeto, la ignorancia autoinducida y el relajo.[4]

Y cuando nos trasladamos a la esfera pública, de ejercicio ciudadano y político, esta perenne minoría de edad de los mexicanos se traduce en un constante “no estar preparado”, que ha servido para solapar la narcocultura y el no intervenir con leyes de legalización ni regularización de ese mercado.

Es sabido: los héroes nacionales de hoy provienen del narco. Corridos, series televisivas, cultos religiosos, nuevos modelos de masculinidad han sido producidos por estos personajes que, a los ojos de un país subsumido en la minoría de edad, ve a estos criminales como los emancipados, los rebeldes, los James Dean de México.

¿Nomás no podemos?


En LEXIA hemos indagado en lo que los mexicanos piensan sobre las drogas y su legalización. Derivado de diversas sesiones de grupo, se puede concluir que para gran parte de la población el tema de las drogas y el narco no puede ser enfrentado por la sociedad, ¡ni siquiera por el gobierno! Se apela a un abrumador laissez faire, ¡dejen hacer!, ¡dejen pasar! A continuación, veremos algunas lexías (verbalizaciones profundas y reveladoras) de distintos perfiles de ciudadanos.

1. Se entiende que nuestro país no está preparado para tomar responsabilidad sobre las drogas, porque de manera innata los mexicanos, cual niños de primera infancia, no sabemos controlarnos.

“No tenemos la cultura de saber controlarnos y saber hasta qué punto llegar”. (Estudiantes universidad privada, 18-24 años, Ciudad de México).

2.
Los mexicanos somos tan inmaduros e influenciables que:
“Lo que pasa es que si yo lo estoy fumando aquí ahorita, a todos los estoy contagiando”. (Maquiladoras, 18-24 años, Tijuana).

3.
Y esto, no porque en sí las drogas tengan ese poder de ser incontrolabes y “contagiarse” en el acto, sino por un asunto muy nuestro, muy mexicano, sencillamente no somos como los “otros” países más desarrollados.

“A la mejor no estamos en el punto óptimo como Estados Unidos o como Europa, porque esa es una realidad, somos un país en desarrollo, no somos un país de Primer Mundo (…) no puedes esperar que lo mismo que pasa allá pase aquí, allá se tiene un control, aquí ¿cómo sabes que hay un control?” (Padres de familia, Tijuana).

4.
Hay una estrecha relación entre el conservadurismo mexicano y esta infantilización de la sociedad que nos lleva a no querer tomar responsabilidades porque no estamos tan desarrollados como otras sociedades, más maduras y responsables, que pueden decidir en política y vida cívica sobre el uso de las drogas. En México no podemos aspirar a tanto.

“Sí, conservador es la palabra, todavía entre todo lo malo que nos sacude (el narco). Pero México es tradicionalista (…) veo a un pueblo que lo están lastimando más por una decisión así (legalización)”. (Padres de familia, Tijuana).

Cuando veas la barba de tu vecino…


La semana pasada escribíamos en esta columna que el triunfo de Donald Trump se relacionaba con la forma en la que la autonomía ciudadana, el reconocimiento de los derechos de grupos marginales y de la diversidad sexual (sin negar que el camino aún le es muy largo) creó un sentido de caos y Trump encarnó la figura de ese hombre en caballo blanco que restaurará el orden poniendo a cada grupo en su lugar.[5] Ya se está viendo, ante la salida del clóset de grupos neonazi y de supremacía blanca, que el mismo Trump está marcando su distancia.

De seguir con este vértigo ante la responsabilidad, en México también corremos el riesgo de retroceder aún más y negar los magros logros cívicos que se han obtenido mientras, por cierto, perpetuamos la admiración a la narcocultura. Solo asumiendo una mayoría de edad ciudadana podremos hacerle frente al tema del nacotráfico, no desde la violencia estatal, sino desde la responsabilidad ciudadana. Estar preparados no es un deseo, es nuestra gran necesidad nacional.



[1] BONHOEFFER, Dietrich, “Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde el cautiverio”, Ediciones Sígueme, Salamanca, 2008.
[2] BAEZ-CAMARGO, Gonzálo, “Protestantes enjuiciados por la inquisición en Iberoamérica”, Editorial CAJICA, México, 2008. Hay una edición de 1959 por la editorial CUPSA (Casa Unida de Publicaciones).
[3] FERNANDEZ, Íñigo, “Historia de México”, Pearson Educación, México, 2004, Pág. 78.
[4] LARA, Guido. “Los cuatro jinetes del valemadrismo”, Animal Político, 19 de junio de 2013.
[5] MENDEZ, Raúl, ¿Después de la poliarquía viene la dictadura?Animal Político, 17 de noviembre de 2016.

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